Lista de Poemas


Imagen descriptiva

Te necesito

Autor: Jesenia Arriagada Parra

Extraño tu risa,
extraño tu mirada
extraño tus caricias,
extraño tus locuras.
Echo de menos tus besos,
echo de menos tus abrazos
echo de menos tu calor,
echo de menos hacer el amor.
Extraño pasar las noches a tu lado,
extraño despertar cada mañana junto a ti
extraño pasear tomados de la mano.
extraño nuestros sueños juntos.
Echo de menos tu amor,
echo de menos tu protección
echo de menos el brillo de tus ojos,
simplemente te necesito

Amor

Autor: Jesenia Arriagada Parra

Mi gran amor,
me siento tan segura entre tus brazos
tus bellos luceros color canela me hacen enloquecer,
tus labios color jazmín me hacen viajar
tus besos sabor a miel hacen que se me detenga el tiempo.
Tus cabellos son suaves como la seda,
tu sonrisa es la mas hermosa
tu voz tan varonil que me sonrojan,
tus puras caricias son las que me curan las heridas
tus locuras me contagian de alegrías
MI gran amor,
eres tan perfecto
tan dulce,
eres todo lo que desee
mi mayor tentación
sencillamente mi primer y ultimo amor.
.

Luna

Autor: Jesenia Arriagada Parra

Tu bella luna,
la que me acompaña al caminar
mi compañera de desvelo
tu bella luna,
la que comparte todos mis secretos
mi mas fiel confidente.
Mi querida luna,
con su hermosura me haces brillar
tu bella luna,
con tu pureza te convertiste en mi mejor amiga
aquella que comparte mis risas y lagrimas.
Tu bella luna,
la que me escucha sin cesar
mi mas bella compañera de noche,
aquella que se roba mis miedos
mi querida luna,
que jamás me abandona.

El hombre que se cosió a sí mismo

Autor: Lino Arce Rubilar

Me desperté lentamente,
me sentía mareada,
pero al inspeccionar el lugar
no tenía ni la más mínima idea
de dónde estaba.

Atada de pies y manos
a una camilla,
forcejeé:
la cinta no cedía.

Lo entendí todo
y grité sin querer:
«¡¿Qué quieres de mí?!»

Un hombre me observaba
con ojos fríos,
macabros.

Se acercó con una jeringuilla;
lo último que vi
fueron guantes puestos
y un bisturí en su mano.

Volví en mí,
intenté abrir la boca:
imposible.
No dolía,
pero quería gritar.
El maldito me cosió la boca.

Me desmayé.

Gritos me despertaron,
junto al dolor en la mano.
Abrí los ojos:
una niña de unos trece años
me miró y susurró:
«No quiero morir».

El hombre volvió,
le clavó agujas en las piernas,
tomó el bisturí
y se lo hundió en el estómago.
La dejó morir.

Sabía que yo era la siguiente,
igual o peor.
Solo quedaba
prepararme.

Uno, dos, tres, cuatro, cinco...
La última puñalada
fue la que menos dolió.

Lo último que vi
fue su sonrisa psicópata.

Aquel día morí,
pero no fue lo peor.

Ahora estoy aquí,
junto a mi cuerpo inerte.

Con el tiempo
me dediqué a enloquecerlo.

Ahora miro su cuerpo inerte
en el mismo lugar
donde él acabó conmigo.